Dejando el calor y la seguridad de una buena fogata detrás de si, avanzó hacia la oscuridad. Cada paso represento un esfuerzo, de alguna manera, aunque fuese por un instante, significaba dejar de tras de si las amistades, la compañía, y tal vez el amor.
Se detuvo ante el vació, ante la nada, a la orilla de su mundo conocido. El mundo callaba, y solamente el viento se atrevía a hacerle compañía. Allá arriba, muy lejos, alguna estrella entendía su situación, y callaba junto con el.
Ese momento era para el, y nadie mas; para sus penas, para sus alegrías, para sus desgracias, para sus otros "yo", para vivirlo y para morir en el; y de alguna manera la luna se volvía su cómplice fiel, bañando cada hebra de su mente con esa mortecina luz azul, que provoca largas e interesantes refecciones.
Respiró profundo, respiró la nada, el todo, la luz de la luna, el viento, la soledad, la compañia; dejó que un poco de todo y de nada entraran en su vida, a llenarla y a vaciarla; a volverlo él. Y cuando sintió que la vida entendía la situación, dio la vuelta y regreso sobre sus pasos.
Dio la espalda al vació y regresó a vivir.
Me muerdo los labios al no poderte besar
Mi piel se estremece al no poderte tocar
Hoy por fin esta noche estarás junto a mí
Olvida la vanidad
El orgullo dé...
Hace 12 horas

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